Valldemossa: la Cartuja, Chopin y la Tramuntana
Sandor Farkas
Fundador y redacción de Mallorca Plus
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Valldemossa es uno de los pueblos de montaña más conocidos de Mallorca y, aun así, sigue sorprendiendo a quien lo pisa por primera vez. Si solo tienes hueco para una pequeña ruta por la Tramuntana, Valldemossa debería ir en cabeza de la lista. El pueblo, a 436 metros de altitud y a unos 17 kilómetros al norte de Palma, es famoso por su Cartuja, donde Frédéric Chopin y George Sand pasaron el invierno de 1838. A eso se suman callejones empedrados llenos de macetas, casas de piedra clara y un panorama que a mediodía literalmente brilla. En este artículo te cuento qué merece la pena ver de verdad, cómo esquivar a las multitudes y por qué el pueblo sigue siendo un plan recurrente incluso para quien vive en la isla desde siempre.
La Cartuja de Valldemossa: vida monástica y el invierno de Chopin
El corazón del pueblo es la Real Cartuja de Valldemossa. El conjunto nació en el siglo XIV como residencia real y pasó después a los monjes cartujos. Con la desamortización de 1835 los monjes se marcharon y las celdas se convirtieron en viviendas privadas. Una de ellas, la celda 4, la ocuparon el compositor polaco Frédéric Chopin y la escritora francesa George Sand durante dos meses y medio en el invierno de 1838 a 1839.
Hoy la visita recorre varias celdas, el jardín del monasterio, la biblioteca, la antigua farmacia y la iglesia neoclásica. En una de las salas se conservan dos pianos históricos en los que Chopin terminó algunos de sus preludios. Si te interesa el contexto, merece la pena mirar antes la web oficial de la Real Cartuja de Valldemossa, con horarios actualizados, precios y exposiciones temporales.
La visita en sí dura entre 60 y 120 minutos según el ritmo. En temporada alta conviene llegar a primera hora o después de las 15 h, cuando los grupos organizados ya han pasado. En el jardín hay varias veces al día conciertos breves con música de Chopin, incluidos en la entrada, de unos 15 minutos.
Consejo: entrada combinada
En Valldemossa existe una entrada combinada que incluye, además de la Cartuja, el museo Costa Nord y un paseo guiado por el pueblo. Calcula entre 18 y 22 euros por persona. Si quieres ahorrarte la taquilla, compra la entrada online y pasa directamente con el código QR.
El pueblo: callejones, Santa Catalina Thomàs y coca de patata
Más allá de la Cartuja, el propio casco antiguo es un espectáculo. Las calles alrededor de la iglesia de Sant Bartomeu son estrechas, en suave cuesta y flanqueadas de macetas. En casi cada puerta cuelga un pequeño azulejo de Santa Catalina Thomàs, la patrona del pueblo. Nació en Valldemossa en 1531 y es la única mallorquina canonizada. Su estatua en la plaza de la Cartuja es uno de los rincones más fotografiados.
Un clásico absoluto es la coca de patata, un bollo dulce de patata que se come mejor templado con un chocolate caliente. El horno Ca'n Molinas, en la plaza Ramon Llull, la elabora desde 1920, aunque también los cafés pequeños la hornean a diario. Cuesta entre 1,50 y 2,50 euros la pieza. Si después te queda hambre de cocina mallorquina, en la guía de restaurantes de Mallorca tienes un repaso de tapas, menús y especialidades locales.
Alrededor de Valldemossa hay además varios miradores. Muy recomendables:
- El mirador de Ses Puntes, con vistas hacia Banyalbufar, a pocos minutos en coche hacia el oeste
- El mirador de sa Bastida, poco antes de Deià, con una vista de costa espectacular
- El Camí de s'Arxiduc, una ruta circular por los cerros sobre el pueblo, de unas 5 a 6 horas
- La ermita de la Santíssima Trinitat, pequeña y con panorámica al Mediterráneo
- El museo privado de Son Marroig, con su famoso templete de mármol sobre la costa
La excursión: cómo llegar, aparcar y a qué hora ir
La excursión clásica a Valldemossa ocupa media jornada. Desde Palma se tarda en coche unos 25 a 30 minutos por la Ma-1110. En transporte público, desde la estación Intermodal de Palma son 30 a 45 minutos: la línea 203 del TIB circula varias veces al día, con horarios y tarifas en tib.org, el portal oficial del transporte de Baleares. El billete sencillo ronda los 4 euros. Mucha gente combina bus y coche según el día, y para la Tramuntana el bus evita además el problema de aparcar.
El casco antiguo es peatonal; a la entrada del pueblo hay un aparcamiento grande de pago y algunas plazas junto a la Ma-1110. En temporada alta, de mayo a octubre, el aparcamiento se llena sistemáticamente entre las 11 y las 15 h. Para llegar sin agobios, plantéate ir a primera hora de la mañana o a media tarde. Valldemossa es también un punto de partida ideal para pequeñas rutas de ocio y deporte por la sierra.
Ojo: carreteras de montaña con curvas
La Ma-10 hacia Deià y Sóller es espectacular, pero tiene curvas y tramos estrechos. Para 20 kilómetros calcula con realismo 45 minutos, para en los miradores señalizados y no en el arcén, y cuenta con grupos de ciclistas de frente, sobre todo las mañanas de fin de semana. Conducir con calma ahorra nervios y frenos.
Chopin en Mallorca: música, mito y pique de museos
Lo de Chopin en Mallorca es una pequeña historia en sí misma. La pareja llegó en 1838 porque George Sand esperaba un invierno templado que aliviara la dolencia pulmonar de Chopin y le viniera bien a sus hijos. En realidad les tocó un invierno inusualmente lluvioso, que Sand retrató después con bastante ironía en su libro "Un invierno en Mallorca". El libro sigue generando sentimientos encontrados en la isla, porque Sand trató con sorna el clima, la cocina y a los propios mallorquines.
En la práctica, esta historia ha dejado en Valldemossa dos museos que reclaman para sí "la" celda de Chopin. El mayor está en la propia Cartuja; el más pequeño lo montó una familia privada. Los dos merecen la visita, aunque para la mayoría el museo oficial de la Cartuja es la mejor opción. Si quieres profundizar en la parte musical, en el portal oficial de turismo de Baleares encontrarás información sobre los ciclos de conciertos y el festival Chopin, que se celebra cada agosto en la Cartuja. Los conciertos y lecturas en torno a Chopin son, por cierto, un punto de encuentro habitual de los residentes más melómanos de la isla.
Un pueblo de la Tramuntana con entorno: Deià, Son Marroig y el Port
Valldemossa es el punto de partida perfecto para una ruta circular por la Tramuntana occidental. A solo 10 kilómetros está Deià, el pueblo favorito de tantos escritores, y entre ambos queda Son Marroig, la finca del archiduque Luis Salvador de Austria. El templete de mármol de su jardín, asomado al mar, es uno de los rincones más fotografiados de la isla.
Con más tiempo, se sigue por Sóller hasta el Port de Sóller, se come pescado fresco en el puerto y se toma el tranvía histórico. El recorrido completo Palma, Valldemossa, Deià, Sóller y vuelta a Palma es una de las rutas en coche más bonitas de Mallorca. Resérvale un día entero y no salgas más tarde de las 9.
Consejos para la ruta circular:
- Lleva agua; un pícnic en los miradores ahorra tiempo y dinero
- Descárgate mapas sin conexión, porque en parte de la sierra la cobertura falla
- Evita los domingos si puedes, que es cuando los pueblos están más llenos
- Reposta antes de salir: las gasolineras escasean en los pueblos de montaña
- Reserva mesa en Deià o Sóller con antelación, sobre todo para comer a mediodía
Valldemossa con ojos de residente: día a día, misas y tradiciones
Para quien vive en la isla, el pueblo tiene, fuera de las horas punta del turismo, un carácter mucho más sosegado, sobre todo a primera hora y fuera de temporada. El mercadillo del domingo por la mañana es pequeño pero auténtico: aceitunas locales, queso de la sierra y miel de las laderas del Puig des Teix.
Quien viene a menudo conoce las misas de Sant Bartomeu y, sobre todo, la procesión en honor de Santa Catalina Thomàs cada 28 de julio. Ese día el pueblo se engalana, los vecinos visten el traje tradicional y por la noche hay música en la plaza. Es la mejor fecha del año para ver Valldemossa siendo pueblo y no decorado.
Conclusión
Valldemossa concentra historia, música y naturaleza en muy poco espacio, y por eso es casi imbatible para una excursión de un día. La Cartuja habla de Chopin, de George Sand y de siglos de vida monástica; el pueblo convence con sus calles, cafés y panorámicas; y los miradores del entorno dejan claro por qué la Serra de Tramuntana es Patrimonio Mundial de la UNESCO. Si planeas la visita a primera hora o a última de la tarde, le sacas partido a la entrada combinada y rematas con la ruta hacia Deià y Sóller con una comida tranquila, tienes una de las excursiones más redondas de toda la isla. Y si vives aquí, el desvío compensa una y otra vez: no como visita obligada, sino como pequeño respiro de montaña lejos del rumor del mar.